Sobre mí


Soy psicóloga, de vocación. De pequeña me imaginaba enseñando. Me gustaba -y me sigue gustando- aprender, y aún siendo niña ya me maravillaba con la esencia de la infancia; así que ser maestra me parecía lo más. Pero no sólo me gustaba enseñar. Yo quería ayudar. Con el tiempo entendí que lo que realmente me llenaba era eso, apoyar a las personas, contribuir en su felicidad. Y por ello me incliné por la psicología. Aunque siempre con la mirada puesta en la infancia, porque de ésta depende que seamos adultos exitosos. Y aquí estoy, enseñando a adultos a apoyar a niños, a sacar lo mejor de ellos, a que aprendan de nuevo a fascinarse con la vida de la mano de sus hijos o alumnos. Y sin parar de aprender. De los adultos. De los niños. Enseñar. Ayudar. Aprender, todo cuanto he deseado. Soy afortunada.    

Mi experiencia profesional siempre ha estado relacionada con menores. Compaginé un Máster de Psicología Jurídica trabajando en el comedor de un colegio. Y ya aquí comencé a ser consciente de la postura adultocentrista con la que nos relacionamos con los niños y el distanciamiento que creamos. Más tarde trabajé en un centro de protección de menores y durante muchos años eduqué sin herramientas, desde un respeto que no es real, el "me respetas porque te respeto". El respeto es un sentimiento, pero este tipo de respeto que aceptamos como tal, invita a la obediencia y la sumisión, y estas son acciones que usualmente son el resultado del miedo en vez del respeto.

Necesitaba algo más. Esa disconformidad me llevó a buscar alternativas. Y en mi camino apareció Disciplina Positiva. No dudé en certificarme como facilitadora de familias y docentes por la Postive Association. Y pertenecer a la Asociación de Disciplina Positiva España (ADPE).

La Disciplina Positiva me ha enseñado a…
- Educar desde el respeto mutuo. Principalmente porque he aprendido a no ponerme en último lugar. No se puede cuidar bien si no estamos "bien cuidados", y este es un concepto fundamental del respeto mutuo; el respeto hacia nosotros mismos. Ahora soy amable y firme, conmigo y con el mundo.
- Me ha brindado crecimiento personal, porque aprendes a conocerte, a entender el porqué tanto de tu comportamiento como el de los demás, incluido el comportamiento de tus hijos (sí, buenas noticias, entenderás por qué tus hijos se comportan así). La Disciplina Positiva enseña habilidades para la vida, con el fin de que los niños sean adultos exitosos (bueno, no sólo hay que esperar a que sean adultos para recoger los frutos, serán adultos y niños exitosos, responsables, respetuosos, capaces), y te hace consciente de tus propias carencias personales (sin culpar a nadie). Nunca es tarde para adquirir habilidades que nos lleven a ser la mejor versión de nosotros mismos.
- Ahora tengo unos cimientos fuertes en mi hogar y muchas herramientas que aportan armonía al ambiente familiar.
- Actúo desde la responsabilidad y no desde la culpa. (Dichosa culpa, ¡cuánto peso tiene en la crianza!).
- Y disfruto con la esencia de mi hija, pura y fascinante, como la de todos los niños. También me ha brindado esto la Disciplina Positiva; poder ver el mundo desde los ojos de un niño es mágico.

Buscaba herramientas para educar mejor y encontré la pieza que le dio sentido a todo. Tanto personal como profesionalmente.

He creado este espacio para ayudarte a enseñar a tus hijos, alumnos o menores a tu cargo, las destrezas más importantes en la obtención de la felicidad y el éxito en la vida. Según Mihaly Csikszentmihalyi, catedrático en neurociencias de la Universidad de Stanford, la felicidad es un estado de flujo. Pero venimos de una educación autoritaria, lo que nos ha hecho desarrollar actitudes que obstaculizan la habilidad para ser madres/padres y maestros o educadores eficaces. Dejamos de fluir. Nosotros y nuestros hijos.

Pretendo impulsaros a volver al flujo de la felicidad, plantando así semillas que, no me cabe duda, cambiarán el mundo.

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