Disciplina Positiva


Como educadores, seamos madres/padres, cuidadores o docentes, nos encontramos continuamente ante retos similares a los del listado. ¿Cómo nos enfrentamos a ellos? Solemos ordenar (¡recoge los juguetes!), amenazar (o recoges los juguetes o no ves la tele), gritar (¡que recojas los jugueteees!), castigar (como no has recogido los juguetes te quedas sin televisión toda la semana). También solemos recurrir a los premios, tanto en forma de chantaje (si recoges los juguetes salimos al parque) o a modo de recompensa (como has recogido los juguetes, ahora en el parque te compro un helado).

Castigos y recompensas son las dos caras de una misma moneda. Disciplinar de forma punitiva. ¿Esto dónde nos lleva? ¿Les ayuda a sentirse queridos, tenidos en cuenta, respetados o capaces?

Las repercusiones a largo plazo de un estilo educativo muy autoritario son negativas. Los niños que reciben muchos castigos se vuelven rebeldes o sumisos. Sin embargo, muchos adultos se resisten a dejar de ejercer un control excesivo porque creen que la única alternativa es la permisividad. Y efectivamente, no es una opción demasiado alentadora. Los niños que reciben una educación permisiva crecen creyendo que tienen derecho a todo. Se pasan más tiempo intentando eludir sus responsabilidades que desarrollando su independencia y sus capacidades.

¿Qué queremos realmente para nuestros hijos/alumnos? ¿Qué cualidades queremos que desarrollen e incorporen a su vida adulta?

Si ni la severidad ni la permisividad nos van a acercar a las cualidades que deseamos incorporen a su vida para que lleguen a ser adultos exitosos, ¿qué hacemos entonces?

Pasamos del castigo a los premios porque no conocemos otra forma de actuar. La Disciplina Positiva cuenta con más de 50 herramientas para que cada familia vaya encontrando su propio método educativo en base a unos principios que nos van a ir guiando. Porque no existe ninguna herramienta de crianza que funcione en todos los casos o indefinidamente en el tiempo.

Disciplina Positiva es una filosofía educativa basada en el respeto mutuo y la colaboración. Incorpora la noción de ser amables y firmes al mismo tiempo como base para enseñar competencias para la vida fundamentadas en un locus de control interno. Cuando se ejerce un control excesivo, los niños dependen de un locus de control externo. Esto quiere decir, siguiendo con el ejemplo, que cuando se les ordena a los niños recoger los juguetes (tú lo haces porque yo lo digo), en el caso de que sigan la orden, lo hacen por una imposición "venida de fuera" (locus de control externo) y no porque hayan interiorizado la norma de recoger después de jugar ni porque estén desarrollando competencias tales como responsabilidad o respeto por la situación (locus de control interno).

Se requiere por tanto, un cambio de paradigma, una manera totalmente distinta de entender la disciplina. La frase de Jane Nelsen sirve de ilustración,
                   ¿de dónde sacamos la loca idea de que para 
              que un niño se porte bien, hemos antes hacerle sentir mal?

La Disciplina positiva tiene sus orígenes en los años 20, basada en las ideas del médico y psicoterapeuta Alfred Adler (1870-1937) y su discípulo Rudolf Dreikurs (1897-1972), ambos vieneses. Adler fue un hombre con ideas que se adelantaron a su tiempo. Defendió la igualdad de las personas por encima de la condición social, el sexo o la edad mucho antes de que estuviera en boga hacerlo. Su teoría y práctica estuvo influenciada por vivir en un vecindario pobre en una sociedad altamente clasista, por sus pacientes indigentes y por su traumática experiencia como psiquiatra en el ejército austriaco durante la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra, Adler inició una serie de centros de orientación infantil con el fin de enseñar a los padres y profesores métodos más efectivos para educar usando principios democráticos de dignidad y respeto. Dreikurs fue alumno de Adler y lideró uno de los centros de orientación.

Para ambos, el objetivo primordial de un niño es sentirse tenido en cuenta y todo comportamiento lleva implícito un propósito, pertenecer. Ahondaron en el estudio del comportamiento humano y llegaron a la conclusión de que los niños se portan bien si se les trata bien, concepto totalmente contrario a la idea preconcebida que nos lleva a pensar que no se da aprendizaje en los niños si no es con mano dura.

Adler observó que perseguimos profundamente el ser parte de una comunidad y el aprender las habilidades para contribuir en la comunidad o el tener interés social, es un componente importante de la salud emocional a largo plazo. Aunque desarrolló su teoría hace casi un siglo sin la ayuda de la tecnología moderna, las neurociencias respaldan sus creencias.

En los años 80, este modelo educativo se sistematiza y se experimenta de la mano de Jane Nelsen y Lynn Lott. Crean la Positive Discipline Association en Estados Unidos y empiezan a impartir talleres para padres, formar a educadores de familia y docentes y, en definitiva, a llevar la Disciplina Positiva a muchos hogares y escuelas de Estados Unidos, Centro América y Sudamérica, haciendo posible el desarrollo de relaciones respetuosas y de niños pacíficos, resolutivos y compasivos. En nuestro país, la primera promoción de certificados como facilitadores de Disciplina Positva tiene lugar en septiembre de 2013, en Madrid.

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